Aspecto del interior de Santa Maria; Antes de 1983

jueves, 30 de julio de 2009

El Arte Gótico En Santa María De Los Reales Alcázares.

Claustro de Santa María, Óleo de José Dueñas Molina.

En el arte gótico, desde el siglo XII hasta principios del siglo XVI, poco a poco, crece la importancia de las ciudades y disminuye el poder feudal. Los monarcas potencian el poder de las ciudades y éstas les apoyan frente a los señores feudales.

La agricultura sigue siendo la base económica, pero el comercio se amplía, aumenta el intercambio entre ciudad y campo y se crean nuevas rutas por Europa.

La arquitectura gótica se implantó en España a través de los conventos de la Orden del Císter y alcanzó una amplia difusión en todo el país. El estilo de transición desde el románico se plasma en las catedrales de Ávila, Lérida y Tarragona. En el siglo XIII, de máximo apogeo del gótico, se construyen las manifestaciones más puras de este estilo como son las catedrales de Burgos, León y Toledo.En la Península están presentes dos influencias, la borgoñona, en el Reino de León, debido al origen de la dinastía leonesa; y la inglesa, en el Reino de Castilla, llegada a través de la alianza matrimonial de los reyes castellanos con la Casa de Lancaster. El siglo XIV supone el esplendor del gótico en la zona de Cataluña, Valencia y Mallorca, son construcciones de exteriores sobrios y macizos, las iglesias presentan la denominada planta de salón, con naves laterales de la misma altura que la central, y ausencia de contrafuertes, con escasa decoración escultórica, caracterizado por la influencia de las iglesias del sur de Francia y la casi nula aportación del arte mudéjar. Sus mejores ejemplos son las catedrales de Gerona comenzada a construir en 1317, de Barcelona, comenzada a construir en 1298 y fuera de la península, la Catedral de Mallorca que dispone de tres naves sin girola y fue consagrada en 1346, y también numerosas construcciones civiles.

Durante los siglos XV y XVI, mientras en Italia crecía con fuerza el Renacimiento, la actividad constructiva del gótico es abrumadora en España, surgen numerosos edificios de grandes proporciones, caracterizados por la sencillez de la construcción y la complicación ornamental. Como los Palacios de Jabalquinto en Baeza y el Palacio de los Duques del Infantado, en Guadalajara. Además, se crean las grandes catedrales de Salamanca, Sevilla y Segovia[1].

Las grandes ciudades desean mostrar su poder, su importancia y su riqueza. Un modo de hacerlo es la creación de obras de arte que se realizan en estilo gótico. En las puertas y la fachada despliega el arte gótico toda su magnificencia y su concepción teológica. La portada gótica admite la misma composición fundamental de forma abocinada, que la románica pero se multiplican las arquivoltas y se añade una mayor elevación de líneas con más riqueza y finura escultórica guardando siempre en arcos y adornos la forma propia del nuevo estilo. Encima de la puerta suele colocarse un elevado gablete.

Las portadas más suntuosas llevan imágenes de apóstoles y de otros santos bajo doseletes entre las columnillas (y a menudo, también otras menores entre las arquivoltas) flanqueando el ingreso el cual está dividido por un parteluz que sirve de apoyo a una estatua de la Virgen María o del titular de la iglesia.

Las iglesias del Cister y otras menores que se modela a imitación suya carecen de imaginería en la portada, la cual se compone del grande arco abocinado y decorado con simples baquetones y alguna ornamentación vegetal o geométrica. La finura en la ejecución de la obra escultórica y la multiplicación progresiva de las columnillas y molduras con el adelgazamiento de ellas, denuncian mejor que otras las señales de la época de la construcción de las portadas. Pero las del último periodo desde mediados del siglo XV se reconocen sobre todo por la multitud y pequeñez de los detalles por la arquivolta conopial, cargada de frondas retorcidas y por otros ornamentos de la época.

Santa María gótica

Según el historiador Antonio Almagro García: “…el interior de Santa María es el resultado de un largísimo proceso de construcción que abarca desde los siglos XV al XVIII; Falta total de armonía y de planes previos y unitarios; El resultado final es un conjunto desigual de cierto sabor gótico mudéjar…”

“…La presencia de una cabecera plana y la igualdad en la altura de las naves contribuyen a conferir al recinto sabor goticista, pero tampoco éste era completo cuando existían las bóvedas de cañón, decorados de grutescos, que rompían la unidad que presentaría el templo en el siglo XVII…”

“…No podemos afirmar que cualidades como la armonía, la proporción la presencia de espacios lógicos, aparezcan en el interior. Santa María en conjunto resulta extraña. No esperamos encontrar al atravesar el claustro un conjunto tan marcadamente desigual. Nos asombramos de su falta de unidad, de sus múltiples añadidos, de su desorganización, de sus contrastes…”

El humanista Juan Pasquau nos dice “…Santa María, encaja –sin alterar su fisonomía- todos los modos de la historia del arte. Apuntaría que ha asimilado los estilos con estilo, con personalidad; porque donde el templo de Santa María no es bello, es original. Y donde resulta extraño, acusa con destello curioso de novedad; nunca de vulgaridad…”

Adaptada la mezquita al culto cristiano (todavía se conservan cimientos de pilares musulmanes), no se construyeron soportes y arcadas cristianas hasta 1396, prolongándose las obras de las capillas y claustro a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII. En esa centuria y la siguiente se configuraron las fachadas y se abovedó la nave central. En el siglo XIX se reformó la fachada principal, tal y como la vemos hoy, con ciertos toques de neogótica. Por último, desde la década de 1980, ha sufrido obras de restauración perniciosas, que actualmente han sido corregidas y adecuadas, salvando al templo de su desaparición.

En la actual restauración, muy criticada desgraciadamente, por algunos historiadores o ciertos “comandos autónomos”, se ha eliminado todos los añadidos que presentaba el templo como las bóvedas de cañón y entablamentos de yeso y blanqueado de los muros, que ocultaban escenográficamente la pureza y modestia del templo gótico-mudéjar.

La planta es prácticamente un cuadrado dividido en cinco naves, de las cuales la central es ligeramente más ancha que las dos que la flanquean, en tanto que la de los extremos reduce en menos de un cuarto de aquélla su anchura, dando paso a las capillas hornacinas. Todas ellas quedan separadas por pilares cuadrados y rectangulares. La cabecera, muy transformada, se articula en torno a tres capillas desiguales de testero plano, quedando la central o mayor retranqueada con respecto a otras dos. El claustro se dispone a la izquierda, aprovechando el sahn de la mezquita, y adopta forma de trapecio irregular, con tres galerías alrededor del patio, siendo la del Norte la que comunica con la fachada principal.

Nos dice Pasquau: “…verdaderos remansos de paz estos claustros de las iglesias catedrales o colegiales, cuya densidad histórica y artística, impermeable a cualquier sugestión frívola, envuelve el pensamiento en su sentimiento amoroso. Más que el mérito arquitectónico en sí mismo, son el ambiente sedante, el silencio, la presencia de cipreses –a cuya sugestión viene unirse la difusa, tremente, armonía del órgano cercano- quienes prestan en ese recinto su natural, no estudiado encanto, haciendo de él un sitio real para el espíritu. Sede de la meditación. Pocos climas así pueden invitar, con una serenidad, a la descentrada o atormentada psicología –desmayase- de los hombres heridos de nostalgia, tocados de infinito Azorín -tan obseso del tiempo- hubiere escrito un maravilloso artículo acogido a la umbrosidad del claustro de Santa María de los Reales Alcázares, en los atardeceres estivales concordados de “Ángelus y golondrinas”.
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El claustro, las galerías son de arcos apuntados sobre pilares rectangulares, similares a los del interior, mientras las bóvedas de posterior construcción, son de crucería simple en los lados Este y Oeste, y bóvedas de terceletes en el Norte; en ellas menudean los escudos del canónigo Becerra, que junto con el obispo Suárez, en la puerta de entrada fechan su construcción (1500-1520).



El claustro, las galerías son de arcos apuntados sobre pilares rectangulares, similares a los del interior, mientras las bóvedas de posterior construcción, son de crucería simple en los lados Este y Oeste, y bóvedas de terceletes en el Norte; en ellas menudean los escudos del canónigo Becerra, que junto con el obispo Suárez, en la puerta de entrada fechan su construcción (1500-1520).
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Ocho capillas abren a las galerías Este y Oeste.


Ocho capillas abren a las galerías Este y Oeste. En la primera se sitúan tres, dos sin advocación y la última es la llamada de los Torre, todas con portada de arco escarzado y cubierta con bóvedas de terceletes, excepto la del medio, en el lado opuesto, de afuera hacia adentro, la primera del Cristo de los Toreros, es de planta trapezoidal, cubierta con crucería simple y vano de acceso con crestería heráldica de los Aranda. Se cierra con reja procedente del coro. Las dos siguientes están cerradas, dibujándose en la segunda un arco apuntado. Las dos restantes, abiertas en el muro de la derecha, corresponde a la de Cameros y a la de las Bolas, unidas interiormente; cegadas, pues, ofrece la de Cameros un arco apuntado como portada, conservando en su interior bóveda de crucería simple, con el relieve de Dios Padre en la clave, y la otra un original arco apuntado, decorado con bolas y clavos y armas de los Vela, elementos que se repiten en los nervios de la bóveda de terceletes, en el interior, que descansan sobre capiteles péndolas tallados con los símbolos de los Evangelistas.


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La tremenda dimensionalidad del interior de la colegiata destaca respecto al resto de las iglesias de la ciudad. Consta de cinco naves de igual altura, separadas por pilares y arco ojivales tres espaciosas naves (que se cubren de un artístico artesonado neo mudéjar) y dos laterales a las que se abren un elevadísimo conjunto de capillas, casi todas de un gótico tardío. El templo bien puede definirse como de aspecto extenso, luminoso y goticista.

La tremenda dimensionalidad del interior de la colegiata destaca respecto al resto de las iglesias de la ciudad. Consta de cinco naves de igual altura, separadas por pilares y arco ojivales tres espaciosas naves (que se cubren de un artístico artesonado neo mudéjar) y dos laterales a las que se abren un elevadísimo conjunto de capillas, casi todas de un gótico tardío. El templo bien puede definirse como de aspecto extenso, luminoso y goticista.

El alzado de las naves ha sufrido bastantes transformaciones con respecto a su origen, subsistiendo los arcos formeros apuntados nada más que a partir del crucero, en tanto que los de banda opuesta, así como los perpiaños son de medio punto. La techumbre original era de madera, decreciendo hacia los laterales. Los pilares son enteros de sillería, con ábacos sencillos para apear los arcos, ofreciendo las esquinas matadas.

Respecto a la capilla mayor, ésta aparece sobre gradas en un espacio rectangular profundo, que es el original; la cubierta, en cambio, es una cúpula del siglo XVIII. La estructura pétrea, a modo de retablo, que ocupa el testero, es una portada del coro desmontado, compuesta de arco conopial entre agujas con pináculos. Esta capilla, anteriormente estaría cubierta de una bóveda nervada.
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Detalle del escudo de armas del canónigo Sagredo en la clave de la bóveda de la Capilla de la Yedra.


el resto de las capillas, entre las góticas, tenemos empezando por los pies: la capilla de la Yedra, frontera a la capilla mayor, fundada en 1505, por el canónigo Rodrigo de Sagredo. Se accede mediante vano apuntado con arquivoltas, que son prolongación de columnas torsas, cerrándose el hueco con buena reja policromada del maestro Bartolomé, en la que sobresale el abrazo de San Joaquín y Santa Ana y heráldica del fundador. Su planta cuadrada, se cubre con bóveda de terceletes, con nervios torsos y escudo de armas del canónigo en la clave (desaparecido hace unos años) y capiteles.

A la izquierda de la anterior, la capilla de los Úbeda o Santo Entierro tiene acceso a través de un arco apuntado, sin decorar. La planta es cuadrada y la forma dos tramos separados por arco apuntado; el primero cubierto con bóveda de nervios estrellada, y el otro, con crucería simple encamonada. Este segundo corresponde al hueco de un torreón almohade.

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Detalle de la capilla de los Baeza. Actualmente hace de capilla Bautismal. Foto Eugenio Santabárbara.
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La capilla de los Baeza y después de los Cazorla se fundó a fines del siglo XV. El arco de acceso es apuntado con baquetones en las jambas y decoración de cardina. La planta cuadrada, se cubre con bóveda de terceletes. Actualmente hace de capilla Bautismal.

En el lado derecho, la primera empezando por los pies. Tenemos la capilla del Cristo de Medinaceli. Foto Eugenio Santabárbara.


En el lado derecho, la primera empezando por los pies. Tenemos la capilla del Cristo de Medinaceli, con portada de arco escarzado, se cierra con moderna reja con la representación del calvario, el interior de planta cuadrada se cubre con artesonado neogótico-mudéjar, realizado por Paco Luis Martos, artesano de Úbeda.


A continuación, tenemos la antigua capilla del Cristo de la Caída, fundada en 1529, bajo la advocación de San Gregorio y San Juan de Letrán. Foto Blog Torno de Monjas.



Le sigue la antigua sacristía y sala capitular, dependencias actuales del siglo XVIII edificadas sobre una antigua capilla. Futuro Museo de la Iglesia.
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A continuación, es la capilla del Cristo de la Caída, fundada en 1529, bajo la advocación de San Gregorio y San Juan de Letrán. La antigua de los Chantres Cueva, el vano de entrada es apuntado con arquivoltas, rematándose la última con un conopio, enmarcado por agujas con pináculos y alfiz decorado con bolas y crestería, quedando en el interior las figuras de los santos titulares. La planta cuadrada, se cubre con bóveda estrellada.

Le sigue la sacristía y sala capitular, dependencias actuales del siglo XVIII edificadas sobre una antigua capilla. De su origen sólo queda la portada gótica: arco de medio punto rebajado que comprende otra portada barroca, enriquecida con moldura conopial similar a la anterior, pero con las imágenes de San Juan y San Pablo bajo doseletes y una Virgen en el centro.



Detalle de la Bóveda de la Capilla de la Capilla de los Becerra.

La capilla de San Antonio o de los Becerra, junto a la cabecera, fue fundada por el arcediano Pedro Becerra en 1515. De planta y dimensiones sencillas, ofrece, en cambio, la portada gótica más suntuosa del templo: arco apuntado con arquivoltas, decorado con una amplia cenefa de cardinas y becerros que arranca desde la base. Protuberantes agujas lo enmarcan prolongadas en pináculos; a los que se adosan las imágenes de San Juan y San Lorenzo, bajo dosel, mientras en el tímpano van las de San Pedro y San Pablo en torno a la Virgen y heráldica. El vano se cierra con una reja del maestro Bartolomé, en la que alternan barrotes toros, con frisos y escenas renacentistas. La planta cuadrada, se cubre de tercelete con decoración de becerros y heráldica en la clave.

En el lado izquierdo, la primera a partir de los pies, es la de los Magaña, que abre tanto a la nave como al claustro, mediante sencillos arcos apuntados y se cubre con bóveda de crucería simple. En su interior se aloja una pila bautismal gótica, de piedra, de pie corto y cuerpo amplio, que dibuja trama avenerada, con las aristas dispuestas a modo de nervios helicoidales, rematándose en friso con caracteres góticos.

A continuación de la anterior, la capilla de Lope Díaz. foto Eugenio Santabárbara.

A continuación de la anterior, la capilla de Lope Díaz. Presenta un vano de acceso apuntado con arquivoltas y capitel corrido de cardina en la imposta. De planta cuadrada, se cubre con bóveda de tercelete decorándose los claves de sus gruesos nervios con florones de cardina y sus capiteles de heráldica.

Por último
, la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe resulta de la adición de tres capillas: San Andrés, la de las Bolas y la de Cameros, para alojar a la patrona de Úbeda, Virgen de Guadalupe. La primera capilla, San Andrés, se cubre con bóveda de crucería simple, con heráldica del canónigo chantre de esta colegial Gil Ortega Sotomayor. Presenta también un vano de acceso apuntado con arquivoltas y capitel corrido de cardina en la imposta. Se cierra con reja de Bartolomé procedente de la capilla de los Chantre Cuevas, su escudo de armas figura en ella.

El exterior es fruto de reformas renacentistas y barrocas en sus principales fachadas. Sólo el muro oriental, correspondiente a los pies del templo, ofrece un heterogéneo y enmarañado aspecto, fruto del aprovechamiento de las defensas musulmanas junto a las reformas de las mismas por los cristianos.





[1] VVAA, Historia del arte Salvat.

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