viernes, 28 de junio de 2019

Santa María de los Reales Alcázares; X ANIVERSARIO Basílica de Úbeda

Santa María de los Reales Alcázares; X ANIVERSARIO

Basílica Menor de Úbeda: “Hablar de este hermoso templo es, pues, en una palabra, hablar de los ubetenses de todo linaje y casta; ya vivan entre nosotros, ya estén en tierras lejanas, porque a todos, de esta Iglesia el mismo amor nos inflama; y todos hasta la muerte la llevan dentro del alma”.
Blog creado en Junio del 2009.


viernes, 24 de mayo de 2019

Basílica de Santa María de los Reales Alcázares; La Sagrada Familia, Santa Ana y San Juanito.


Basílica de Santa María de los Reales Alcázares; La Sagrada Familia, Santa Ana y San Juanito.


Cuadro de La Sagrada Familia, Santa Ana y San Juanito; de autor desconocido, es obra del siglo XVII y fue donado por el  Tesorero de la Colegial Medina Ahumada,  a la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, en el siglo XVIII. Foto de José Luis Latorre Bonachera.


Uno de los retablos barrocos, de la Capilla de los Sabater o San José, donde hasta el año 1983, se veneraba el citado cuadro de la Sagrada Familia. Foto Miguel Merino Laguna.


Hablamos de Sagrada Familia cuando vemos una representación de San José, la Virgen María y el Niño Jesús, solos o acompañados por otros parientes, como S. Joaquín y Sta. Ana (abuelos) o Sta. Isabel y Zacarías (parientes de María y padres de S. Juan Bautista).

La Sagrada Familia es el término utilizado para designar a la familia de Jesús de Nazaret, compuesta según la Biblia por José, María y Jesús. Su festividad se celebra el domingo que cae entre la Octava de Navidad (25 de diciembre al 1 de enero), o el 30 de diciembre, si no hay un domingo entre estos dos días.

En la Edad Media surgió una devoción hacia la Sagrada Familia desconocida hasta entonces lo que conllevó hacia finales de la época a la exaltación del culto de San José. Dichas representaciones fueron debidas a las meditaciones franciscanas. El arte del siglo XV y XVI en numerosas ocasiones no mostraba ni a San José ni a los ángeles, sólo aparecía la Virgen y el Niño junto a Santa Isabel y el pequeño San Juan Bautista. Rafael y los grandes maestros del Renacimiento realizaron algunas obras de esta temática; asimismo, la escuela boloñesa representó sólo a los dos niños de la Sagrada Familia.

Pero también había algunas Sagradas Familias compuestas de cuatro personas: María, Jesús, San Juanito y San José y otra con la Virgen, el Niño, San Juanito y Santa Ana. La primera se hizo más frecuente en el arte de la Contrarreforma, donde varias conservaron el espíritu de ingenuidad propio de la época medieval.

La Sagrada Familia, Santa Ana y San Juanito, de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.

La Sagrada Familia, Santa Ana y San Juanito; donado por el  Tesorero de la Colegial Medina Ahumada,  a la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, en el siglo XVIII.

De Autor desconocido. Es obra del Siglo XVII.

Hasta el año 1983, se veneraba en uno de los retablos barrocos, de la Capilla de los Sabater o San José.

En la actualidad, se almacena en una de las dependencias de la Iglesia de Santa María, y se halla a la espera de una profunda restauración y a su posterior puesta en valor, para así engrandecer el pequeño patrimonio del mueble religioso que guarda la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.  

En la mencionada  pintura  con la Representación de la Sagrada Familia, del siglo XVII, de autor desconocido, podemos ver en primer término a la Virgen que sostiene al Niño en su regazo y que sostiene la bola del mundo, a la derecha está  San Juan Bautista niño, ya vestido con una manto de piel que preludia su posterior etapa de predicación en el desierto, señalando con su mano izquierda al niño Jesús y con la otra mano sujeta un pequeño estandarte en el que se puede leer: "Ecce Agnus Dei" ("Éste es el Cordero de Dios") . Al fondo, en un segundo plano y entre las sombras, a la izquierda a  San José, en actitud reflexiva. Todos portan nimbo de santidad pero el de Jesús Niño resplandece sobre todos los demás. Es muy significativo el segundo plano de San José en esta representación, que se muestra solitario compositivamente de la escena, envuelto en sombras, y aislado también del asunto de la escena, ya que parece inmerso en sus propios pensamientos. A la derecha, sobre el San Juanito, vemos a Santa Ana (tal vez Santa Isabel), la Madre de la Virgen, en actitud orante leyendo la Sagrada Escrituras. La Sagrada Familia con Santa Ana ejemplifica los ideales de espontaneidad y naturalidad del Alto Barroco.

Fuentes:
Almagro García, Antonio (2003). Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda: Arqueología, historia y arte. Úbeda: Editorial El Olivo.

jueves, 23 de mayo de 2019

Basílica de Santa María de los Reales Alcázares; La Virgen del Perpetuo Socorro.

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro o Panagia Strastnaia, obra del siglo XX; de Marcelo Góngora Ramos, en la Capilla del Cristo Yacente, de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.


Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Madre de Dios de la Pasión. Iglesia de San Alfonso del Esquilino. Roma, estilo bizantino.


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La Virgen del Perpetuo Socorro es una advocación mariana. La imagen original es un icono procedente de Creta y venerado en Roma en la iglesia de los agustinos, a finales del siglo XV, y desde 1866 en la iglesia de San Alfonso del Esquilino, en Roma. La datación del icono es difícil de precisar.

Según una tablilla colocada antiguamente al lado del icono con los orígenes de la imagen, la cuna de este cuadro fue la isla de Creta, en el mar Egeo. Un mercader cretense robó el icono de una iglesia, lo escondió entre su equipaje y se embarcó rumbo a otras tierras. En la travesía se desató una violenta tormenta y todos a bordo esperaban lo peor. El comerciante tomó el cuadro de Nuestra Señora, lo sostuvo en lo alto, y pidió socorro. La Santísima Virgen respondió a su oración con un milagro. El mar se calmó y la embarcación llegó a salvo al puerto de Roma.

Poco después el mercader llegó a Roma con el cuadro y, tenía el mercader un amigo muy querido en la ciudad de Roma así que decidió pasar un rato con él antes de seguir adelante. Con gran alegría le mostró el cuadro y le dijo que algún día el mundo entero le rendiría homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Pasado un tiempo, el mercader se enfermó de gravedad. Al sentir que sus días estaban contados, llamó a su amigo a su lecho y le rogó que le prometiera que, después de su muerte, colocaría la pintura de la Virgen en una iglesia digna o ilustre para que fuera venerada públicamente. El amigo accedió a la promesa pero no la llegó a cumplir por complacer a su esposa que se había encariñado con la imagen.

Pero la Divina Providencia no había llevado la pintura a Roma para que fuese propiedad de una familia sino para que fuera venerada por todo el mundo, tal y como había profetizado el mercader. Después de varias vicisitudes milagrosa el icono fue colocado en la iglesia era la de San Mateo, el Apóstol. La pintura fue llevada a la iglesia en procesión solemne el 27 de marzo de 1499. Era en tiempos del papa Alejandro VI. Allí permaneció la imagen del Perpetuo Socorro durante trescientos años, en el altar mayor de la iglesia de San Mateo. Los escritores de la época narraron ampliamente los milagros atribuidos a la imagen. El siglo XVII parece ser el más intenso en la devoción y culto a la Virgen del Perpetuo Socorro. Su festividad se celebra el 27 de junio.

INTERPRETACIÓN DEL ICONO DEL PERPETUO SOCORRO

El icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos ofrece una Virgen María que nos mira dulcemente (Eleusa), sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús, al que le toma la mano con la suya, a la vez que en un dulcísimo gesto de su mano señala a Jesucristo como el Camino (Hodigitria). El Niño Jesús no mira a su Madre, sino que dirige sus ojos a San Gabriel que es, con San Miguel, uno de los dos arcángeles que portan los instrumentos de la Pasión: San Miguel lleva la Lanza y la Esponja y San Gabriel que le muestra la Cruz y los Clavos, siendo así una Virgen de Pasión (Strastnaia).

En el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, por lo tanto, se ha condensado visualmente todo un tratado teológico. Todos los tratadistas del Perpetuo Socorro coinciden en decir que el detalle de la sandalia que se le desprende al Niño Jesús sugiere el movimiento de humano temor que, como Hombre Verdadero siente Dios Verdadero ante los recordatorios (Lanza, Esponja, Clavos y Cruz) que los Arcángeles le presentan de su Pasión y Muerte de Cruz. Sin nada que objetar a esa interpretación, nosotros pensamos no obstante que esa sandalia que cuelga del pie del Niño Jesús evoca las palabras de San Juan Bautista, cuando dice: "Ego baptizo in aqua, medius autem vestrum stetit, quem vos nescitis. Ipse est, qui post me venturus est, qui ante me factus est, cuius ego non sum dignus ut solvam eius corrigiam calceamenti" (Secundum Iohannem 1, 26-28)

Esto es: "Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis, que viene en pos de mí, a quien no soy digno de desatar la correa de la sandalia" (Juan 1, 26-28).

VIRGEN DEL PERPETUO SOCORRO DE SANTA MARÍA DE ÚBEDA

Segunda del lado de la epístola. Con bóveda de crucería y portada  y reja del siglo, XVI, procedente  del desaparecido  coro. Tenemos la Capilla del Cristo Yacente, lugar donde antaño se guardaba la platería y objetos sagrados de la Iglesia.

Hoy alberga la imagen de Cristo Yacente, de Francisco Palma Burgos y un cuadro con la representación de la Virgen del Perpetuo Socorro, obra del artista local Marcelo Góngora Ramos, de los años 1960.

El artista ubetense Góngora Ramos, dedicó toda su vida a las artes, especialmente a la pintura y la escultura. Sus trabajos muestran a un artista completo, versátil y multidisciplinar que dejó como legado una prolífica obra digna de ser conocida. Uno de sus legados es  el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, de la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares.

Pintado sobre madera por dicho pintor, se sitúa en el testero izquierdo, dentro de un arco altar gótico, de la citada Capilla del Cristo Yacente.

Marcelo Góngora para realizar dicha obra pictórica,  se inspiró en el icono ortodoxo Panagia Strastnaia, muestra a María con el Niño Jesús. El Niño observa a dos ángeles que le muestran los instrumentos de su futura Pasión mientras agarra fuertemente con las dos manos la de su Madre, quien lo sostiene en sus brazos. El cuadro recuerda la maternidad divina de la Virgen y su cuidado por Jesús desde su concepción hasta su muerte.

Atemorizado por la visión de dos ángeles que le muestran los instrumentos de la Pasión, el Niño Jesús ha corrido hacia su Madre, perdiendo casi una de sus pequeñas sandalias en su precipitada huida. María lo sostiene en sus brazos de manera protectora y amorosa. Pero presta atención a sus ojos. Su mirada esta fija no en Jesús sino en nosotros. ¿No es este detalle un toque de genialidad? ¿Qué mejor manera de expresar el interés de Nuestra Señora en nuestras vidas y crecimiento espiritual?

Las pequeñas manos de Jesús también están sujetas a las de María como una forma de recordarnos a nosotros que, así como en la tierra él se puso enteramente en su manos buscando protección, así ahora en el cielo él nos confía a cada uno de nosotros en sus tiernos y amorosos cuidados.

Fuentes:

Almagro García, Antonio (2003). Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda: Arqueología, historia y arte. Úbeda: Editorial El Olivo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Nuestra_Se%C3%B1ora_del_Perpetuo_Socorro


martes, 21 de mayo de 2019

Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña.




De la riqueza cultural interior, que en otros tiempos poseía la capilla  de la Yedra de Santa María, tan solo se conserva, en el testero,  un cuadro que representa a San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña. 




Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.  San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña.


Desde el siglo II arranca una tradición que atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la santísima Virgen María. En el siglo VI, el culto a santa Ana se introdujo en la Iglesia oriental. En el siglo X pasó a la Iglesia occidental. El culto a san Joaquín fue más reciente. Las virtudes de estos dos esposos, se nos manifiestan por su fruto, tal como nos lo dice el Señor: "Un árbol bueno no puede producir frutos malos. . . Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 20). El fruto de estos dos santos fue superior a la ley natural, pues engendraron para el mundo a la Inmaculada Madre de Dios y Reina de los Ángeles.

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA, padres de la santísima Virgen María.

Los datos sobre la vida de san Joaquín y de santa Ana, se nos narran en ciertos libros apócrifos. Algunos de ellos se podrían aceptar como verídicos, ya que representan una respetable tradición. En la imposibilidad de discernir con certeza cuáles sean éstos, reflexionaremos sobre hechos que nos den fe, repasando algo de lo que hacía una buena familia judía con respecto a la educación de sus hijos. Joaquín y Ana tuvieron mucho que ver en la instrucción de María durante su niñez y su juventud.

Nada era más importante para las familias judías que la enseñanza de la Tora, o de los cinco primeros libros de la Biblia. La transmisión de los principios religiosos y éticos, se fundaba en el mandamiento bíblico: "Ten cuidado y guárdate bien, no vayas a olvidarte de estas cosas que tus ojos han visto ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu vida; enséñalas, por el contrario, a tus hijos y los hijos de tus hijos". (Deut 4, 9).

En los tiempos bíblicos, los niños recibían su educación práctica y religiosa directamente de sus padres. Después, la sinagoga vino a ser no sólo casa de oración, sino casa de estudios para los adultos y quizá también para los niños.

Por regla general, las niñas estaban excluidas de aquella educación especial. Su formación práctica la recibían de sus padres, aunque hubo numerosas mujeres judías que adquirieron un alto nivel de conocimientos.

El espíritu de unión de la familia estaba muy desarrollado. Su influencia en la vida pública era muy grande. Corona de los ancianos eran los hijos. Al padre que engendraba un hijo in-sensato, se le consideraba desgraciado para toda la vida.

Las bendiciones de la familia judía, que los padres trasmitían a sus hijos, se resumían en el párrafo del Deuteronomio: "Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo. Bendito será el fruto de tus entrañas y el producto de tu suelo... Bendito cuando entres y cuando salgas... Yahvé hará de ti un pueblo consagrado a él, como te lo ha jurado, si tú guardas los mandamientos de Yahvé, tu Dios y sigues sus caminos". (Deut 28, 3). Y en el Levítico: "Estableceré mi morada en medio de vosotros y no os rechazaré. Me pasearé en medio de vosotros; yo seré para vosotros un Dios y vosotros seréis para mí, un pueblo" (Lv 26, 3).

La liturgia nos habla de san Joaquín y Santa Ana con estas palabras "Oh bienaventurados esposos que os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de la que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta os hicisteis merecedores de ofrecer al mundo la joya de la virginidad, quien, de un modo admirable y excepcional fue siempre Virgen en su mente, en su alma y en su cuerpo".

Santa María de los Reales Alcázares. Capilla de la Yedra. El Abrazo de la Puerta Dorada


El cuadro de San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña, de la Capilla de la Yedra de Santa María.

La Capilla de la Yedra, en la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, erigida en 1505 en honor de la Limpia Concepción de María, fue fundada por el protonotario y arcediano de la ciudad Diego Sagredo. “En su testamento, dictado en Baeza en 1524 ante el escribano Diego Pérez Godoy, consta que el eclesiástico había edificado una capilla en la Iglesia Colegial, a espaldas del coro, y que le puso una reja muy buena y dos sacristías”.

De la gran riqueza cultural interior, que en otros tiempos poseía dicha capilla funeraria, tan solo se conserva, en el testero,  un cuadro que representa a San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña.

La obra representa el momento en que los padres de la Virgen, quienes aparecen en primer plano, conducen de los brazos a la niña al templo para ser consagrada a Dios. Sobre ellos aparece la alegoría del Espíritu Santo.

Está inspirado en la obra de Rubens sobre la Sagrada Familia, aunque con un aire más clasicista.
Se desconoce el autor y la fecha de ejecución de la obra, aunque debió ser encargada, siglos posteriores a la fundación de la Capilla de la Yedra.


Fuentes:


lunes, 6 de mayo de 2019

Basílica de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda Y Los Relicarios del Séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes.


Basílica de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda  Y Los Relicarios del Séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes.

Por Juan Ángel López Barrionuevo.


Dos de Los Ochos  Desaparecidos Bustos-Relicarios del Séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes, que se veneraban, hasta 1936,  en la Capilla Mayor de Santa María. (Foto de José Luis Latorre Bonachera).
Según una leyenda muy extendida en la Edad Media, una joven llamada Úrsula ("osita" en latín) se convirtió al cristianismo prometiendo guardar su virginidad. Como fue pretendida por un príncipe bretón de nombre Ereo decidió realizar una peregrinación a Roma y así lograr la consagración de sus votos.


De los  Bustos-Relicarios del Séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes, que se veneraban, hasta 1936,  en la Capilla Mayor de Santa María y de la Sacra Capilla de El Salvador.Tan solo ha llegado hasta nuestros días el referente a Santa Aurelia, pues los tres restantes de la Sacra Capilla, junto a los ocho  ya reseñados, de la Basílica de Santa María,  fueron también extraviados durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y se cree que incluso fueron destruidos durante el transcurso de los acontecimientos bélicos. Tras la guerra la obra resultó escasamente dañada debido al ocultamiento de la misma por parte del sacristán de la Sacra Capilla pero durante los años centrales del siglo XX fue restaurada por el célebre escultor Juan Luís Vassallo y devuelta a su lugar original en el sagrado edificio. Foto de Merino Laguna.
Detalle de Las ocho tribunas de la Capilla Mayor de la Basilica de Santa María, antes de su eliminación por el Párroco de esta iglesia en los años 1960. Foto Archivo Pema
Detalle de los 4 Bustos-Relicarios del Séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes, que se veneraban, hasta 1936,  en la Capilla Mayor de la Sacra Capilla de El Salvador. Foto de Gabriel Juan Delgado.

En Roma, fue recibida por el papa Siricio que la bendijo y consagró sus votos de virginidad perpetua para dedicarse a la predicación del evangelio de Cristo. Al regresar a Germania, fue sorprendida en Colonia por el ataque de los hunos, en 451. Atila, rey de este pueblo, se enamoró de ella pero la joven se resistió y, junto a otras doncellas que se negaron a entregarse a los apetitos sexuales de los bárbaros, fue martirizada.

En el lugar del martirio, Clematius, un ciudadano de rango senatorial que vivía en Colonia, erigió una basílica dedicada a las "once mil vírgenes", entre ellas Úrsula. En la inscripción de dedicación de este edificio se nombra a las otras doncellas (Aurelia, Brítula, Cordola, Cunegonda, Cunera, Pinnosa, Saturnina, Paladia y Odialia de Britannia), de las cuales la última es llamada undecimilla ( "undecimilla" o "undecimita", en latín).

La idea errónea de que las compañeras de martirio de Úrsula fuesen once mil surge en un documento datado en el año 922 que se conserva en un monasterio cerca de Colonia, donde se hace referencia a la historia de Santa Úrsula y sus compañeras. En el citado documento entre otras cosas se decía:

"Dei et Sanctas Mariae ac ipsarum XI m virginum"
donde "XI m virginum" debía leerse como "undecim martyres virginum" (once mártires virgenes)
y en su lugar leyeron "undecim millia virginum" (once mil virgenes)
Durante siglos esta confusión se extendió sin que nadie la pusiera en duda, dando lugar así a la leyenda de las "once mil virgenes".

Si bien surgió un importante culto alrededor de la figura de "Santa Úrsula", la Iglesia nunca la canonizó oficialmente, aunque se venera desde temprano en la Edad Media. Hildegarda de Bingen compuso muchos cantos en su honor.

Finalmente la imagen de Úrsula fue asimilada con la de la diosa germana Freyja (también llamada Horsel o Ursel), que protegía a las doncellas vírgenes y las recibía en el ultramundo si fallecían sin haberse casado.

Entre 1490 y 1496, el pintor Vittore Carpaccio (1460-1526) realizó un ciclo completo de frescos sobre la leyenda de esta mártir y virgen, que se encuentra actualmente en Venecia.

La festividad de Santa Úrsula se celebra el 21 de octubre y, al menos durante la Edad Media, fue la santa patrona de las universidades.

Cabe decir, que Los Relicarios del séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes son un conjunto de esculturas en forma de busto-relicario que fueron legadas por el Emperador Carlos V a varias personalidades de su entorno.

En Úbeda, el Rey Carlos V,  regala a dos de sus ilustres e historicos  personajes, como don Alonso I de la Cueva y Benavides (capitán de caballos del emperador Carlos V, y como tal participó en 1521 en la batalla de Villalar, donde luchó cuerpo a cuerpo con Juan de Padilla, célebre comunero a quien venció y prendió. Como trofeo de guerra llevó el pendón del general de las Comunidades de Castilla a la iglesia de la Asunción de Bedmar, donde se conservó hasta el siglo XVII) y don  Francisco de los Cobos y Molina  (caballero de la Orden de Santiago, comendador mayor de León en dicha Orden, adelantado de Cazorla, Contador Mayor de Castilla, Secretario de Estado del emperador Carlos I, Señor de Sabiote, Jimena, Recena, Torres, Canena y Velliza),  los mencionados busto relicarios

Refente a las ocho reliquias de las virgenes, que se conservaban en la Capilla Mayor de la Iglesia de Santa María, nos dice Miguel Ruiz Prieto en HISTORIA DE ÚBEDA Tomo II: “… El retablo de la capilla lo mandó reformar D. Alonso de la Cueva y Benavides, hijo del comendador de Bedmar D Luis y nieto de D.Juan, el que murió en tierra de Valencia, como queda dicho. También adornó los muros laterales con ocho urnas sobre ménsulas,  que hoy existen y encierran reliquias de las vírgenes que padecieron martirio con su maestra Santa Úrsula, que dicho D. Alonso de la Cueva, que era cardenal de la iglesia romana, trajo de Colonia, según consta de la licencia que dio el provisor de Jaén D. Gabriel de Guevara, por el cardenal obispo de la diócesis D. Pedro Pacheco, para que en procesión general se recibiesen dichas reliquias y se condujesen á la Colegial, desde el monasterio de San Nicasio, de religiosas franciscas, donde se habían depositado. Su fecha a 24 de Marzo de 1554”.

Estos desaparecidos relicarios se trataba de ocho de las "Once Mil Vírgenes compañeras de Santa Úrsula"  De autoría anónima y origen flamenco, estos bustos relicario suponían una verdadera joya para la Iglesia de Santa María de Úbeda. Fueron  realizados en madera policromada hacia 1515 - 1530. Eran obras que se encuentran en la transición entre el estilo gótico y renacimiento.  Y en la Guerra Civil de 1936, fueron devastados por iconoclastas.


Se conservaban en las paredes laterales, de la citada Capilla Mayor y tras la Guerra Civil, a cargo del Párroco don Diego García, a  principios de 1960, se suprimen las ocho urnas sobre ménsulas que poseían hasta 1936 las mencionadas Reliquias  de las Vírgenes martirizadas con santa Úrsula.

Se desconoce el nombre de las Vírgenes que poseían los restos óseos  de estos  ochos busto- relicario. Conjuntamente de  los señalados de la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, otra iglesia de Úbeda, como la Sacra Capilla de El Salvador, reunía  en su tesoro, otros cuatro busto-relicarios. Como los consagrados a Santa Aurelia de Estrasburgo, Santa Úrsula, Santa Pinosa y Santa Gregoria.

Tan solo ha llegado hasta nuestros días el referente a Santa Aurelia, pues los tres restantes de la Sacra Capilla, junto a los ocho  ya reseñados, de la Basílica de Santa María,  fueron también extraviados durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y se cree que incluso fueron destruidos durante el transcurso de los acontecimientos bélicos. Tras la guerra la obra resultó escasamente dañada debido al ocultamiento de la misma por parte del sacristán de la Sacra Capilla pero durante los años centrales del siglo XX fue restaurada por el célebre escultor Juan Luís Vassallo y devuelta a su lugar original en el sagrado edificio.  Aunque, actualmente, hoy está fuera de Úbeda, pero guardado, por los dueños de la Sacra Capilla, la Fundación Medinaceli, junto a otras joyas que aún posee dicha Iglesia.

El refinado gusto coleccionista de Don Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I de España (Carlos V de Alemania), y uno de los hombres más poderosos de la Úbeda del siglo XVI, le llevó a reunir y conservar una excelente colección de obras de arte para su Sacra Capilla de El Salvador, una de las empresas más ambiciosas de toda la arquitectura religiosa privada del Renacimiento español y lugar de retiro funerario y espiritual del mecenas.

Al igual que Alonso I de la Cueva y Benavides, que trajo los ocho bustos relicario, de Colonia, para adornar su enterramiento en la Capilla Mayor de Santa María.  En 1521 Francisco de los Cobos recibe desde Colonia, y de parte de Carlos I, un importante regalo, consistente en los citados cuatro bustos-relicario de vírgenes martirizadas en esa ciudad, es decir, una escultura de bulto redondo que presenta en alguna de sus partes una oquedad para guardar reliquias, acompañados de su correspondiente documento de autenticidad que después decorarían la Sacra Capilla de los Cobos. Cabe destacar que este importante dato se encuentra recogido en un inventario del siglo XVIII, que nos vuelve a decir,  Miguel Ruiz Prieto en su HISTORIA DE ÚBEDA Tomo II: “…que las cabezas de Santa Úrsula y compañeras mártires las truxo don Francisco de los Cobos, secretario del emperador Don Carlos, cuando anduvo con éste, por Colonia…”.

Entre las muchas piezas de las que dispone el mecenas, y dentro de los cuatro bustos indicados, destaca el dedicado a Santa Aurelia de Estrasburgo, que compartía, junto a los de sus iguales Santa Úrsula, Santa Pinosa y Santa Gregoria, un lugar visible en el edificio, debido a la riqueza que representaban, dotando de gran importancia tanto a la Capilla como a su propietario. Este apreciable lugar era, ni más ni menos, que el altar mayor de la iglesia, donde se exponían en cuatro recipientes de madera tallados y dorados con puertas que se abrían para la veneración de los fieles el día veintiuno de octubre, aniversario del martirio de la Santa, además de en otras festividades importantes.

De los doce bustos relicario, que guardaba el rico patrimonio religioso de Úbeda. El único que  se salvó, el de Santa Úrsula, como ya mencioné, está realizado en madera policromada, destacando los dorados con pan de oro, y se considera una pieza flamenca de la primera mitad del siglo XVI, en contraposición al origen español que se defendía durante el Franquismo. La Santa aparece como una distinguida dama coronada y trenzada, con una destacada incisión en el detallismo relativo al colgante y peinado, con ancho rostro y amplia frente, ojos rasgados y destacado mentón, dispuesta sobre una base contemporánea con tracería, es decir, con decoraciones consistentes en los calados propios de la arquitectura de época gótica. Se trata de un retrato idealizado que pretende exaltar el valor y virtud de la virginidad y está ataviada a la moda de su época, es decir, a la moda flamenca del siglo XVI, pudiendo albergar en su interior el cráneo de alguna de las santas mártires.

Estos bustos-relicarios, forman parte de la Leyenda de las Mil Vírgenes, que nos cuenta la historia de Santa Úrsula, hija del rey de Gran Bretaña, una joven virgen que se ve obligada a contraer matrimonio con un pagano. Santa Úrsula accede siempre y cuando sea acompañada por un séquito de diez mujeres jóvenes de la nobleza que, a su vez, irán acompañadas de otras mil mujeres cada una, todas vírgenes. Con este acompañamiento, Santa Úrsula emprende un viaje a los Lugares Santos, pero a su paso por la ciudad de Colonia, ella y el resto de vírgenes son martirizados y hostigados a manos de manos de Atila y los hunos en el año 451.

De lo que no cabe duda es del valor que durante este momento del siglo XVI se concedía a estos bustos-relicario, que dotaban de gran importancia y gloria tanto al donante como al propietario y lugar donde se depositaban. Por ello, fueron uno de los principales modelos de inspiración para los relicarios antropomorfos que más tarde se desarrollarían en España, como los regalados en 1548 a la parroquia deSan Miguel de Grajal de Campos (León) por parte de Juan de Vega y Leonor de Osorio. 

Por último, según Manuel Madrid Delgado  nos dice: "...Uno de los ocho relicarios de Santa María se conserva en el Archivo Municipal. Sin tener la calidad artística de la pieza de El Salvador, es una pieza interesante, necesitada de restauración...".

Fuentes:
ROMERO DORADO, Antonio: "Las relaciones artísticas entre el emperador Carlos V y los duques de Medina Sidonia: los bustos-relicario del séquito de Santa Úrsula y las Once Mil Vírgenes", In Medio Orbe II. Actas del II Congreso Internacional sobre la I Vuelta al Mundo celebrado en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) los días 20 y 21 de septiembre de 2016, Sevilla, 2017, pp. 257-269.
Miguel Ruiz Prieto. HISTORIA DE ÚBEDA Tomo II, Parroquias. Asociación Alfredo Cazaban.

Wikipedia Manuel Urbano.

sábado, 4 de mayo de 2019

Buen Pastor de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Por su Restauración y su Posterior Puesta en Valor Cultural.


Buen Pastor, de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Foto de José Luis Latorre Bonachera.

Según testigos oculares y testimonios recogidos por servidores de la palabra, en tiempos de Herodes, rey de Judea, Gabriel, el Ángel del Señor, se apareció al anciano sacerdote Zacarías, que al verle se asustó. 


"El ángel le dijo: 'No temas Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan, será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento porque será grande ante el Señor'". (Lucas 1, 20)


"El niño crecía y su espíritu se fortalecía y vivió en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel". (Lucas 1, 80).

"Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautizo de conversión para perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Juan llevaba un vestido de piel de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: 'Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo'". (Marcos 1, 27).

"Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado, por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: 'Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mi?' Jesús, le respondió: 'déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia'. Entonces le dejó.
Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: 'Este es mi Hijo amado, en quien me complazco'".(Mateo 3, 13-17).

"Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: 'He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo'".  (Juan 1, 29-31). 

"Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: 'Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo'. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios". (Juan 1, 33-34).  


La figura de Cristo como pastor de su rebaño fue muy gustada en el arte cristiano por su simbolismo, ya que forjaba a través de un joven pastor, la disponibilidad de Cristo de dar la vida por su grey representada por los corderos, cumpliendo así la promesa bíblica de salvar, con su muerte y su sangre al género humano. En esta obra el joven Jesús vestido de pastor y cubierto con una zalea abraza dulcemente a una oveja, símbolo del alma cristiana que quiere ser protegida por su pastor.

La tela que vemos se basa en el Evangelio de San Juan, cuando compara a Jesucristo con el buen pastor que cuida de sus ovejas, un tema ya recurrente desde el arte Paleocristiano, como podemos observar en las catacumbas de Roma. Por otra parte, el crítico de arte Pedro de Madrazo, pensaba que se hace referencia a otro pasaje del Evangelio de San Mateo, en donde afirma: que si uno tiene cien ovejas y se le pierde una, deja a las otras noventa y nueve y va a buscar a la descarriada. Esta que vemos acariciada por Jesús es la despistada.

En pintura se encontraba ya en las catacumbas de San Calixto o de Domitila. Una de las representaciones del «buen pastor» más conocidas es la de Bartolomé Esteban Murillo. En la escultura ha sido también una imagen común, que empezó siendo esculpida en los flancos de los sarcófagos y recurrente en la música religiosa, como la pieza para órgano, El tríptico del buen pastor, de Jesús Guridi.

Como ya dije, el Buen Pastor es una de las primeras iconografías cristianas y tiene sus orígenes remotos en las representaciones paganas de Hermes Crióforo y de Orfeo, sin embargo, tras el periodo paleocristiano, su representación se frenó hasta el Renacimiento. En Sevilla, Murillo efectúa una modificación al infantilizar la figura de Cristo. Este nuevo modelo alcanzó un gran éxito y fue continuado por otros pintores sevillanos, como Domingo Martínez y Juan Simón Gutiérrez, que siguieron las líneas del maestro. Valdés Leal fue el único que propuso un modelo diferente.

Niño Jesús, Buen Pastor. Presenta una mezcla iconográfica de dos tipos: bendiciendo con la mano derecha y con la izquierda portando el estandarte, como Salvador del mundo, y también como Buen Pastor, con el báculo o cayado. Con este tema, sin embargo se produce una contraposición que raya casi en el antagonismo, entre pintores y escultores de la época. Los primeros, salvo en raras excepciones, tratan la figura de Jesús Niño de una manera delicada y humana. 

Vemos Niños en los cuadros de Velázquez, de Zurbarán, pero sobre todo en los del artista que mejor ha sabido distinguir la infancia, Bartolomé Esteban Murillo, copiando sus modelos del natural e inmortalizándolos en lienzos de los que se conservan buena parte en nuestro país, repartidos por diferentes lugares, y muy especialmente en el Museo del Prado. Se representa en pintura al «Buen Pastor», aparece Jesús Niño con una oveja, rememorando el pasaje evangélico de San Juan: «Yo soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas…». Estos lienzos, mundialmente conocidos y admirados, son una clara muestra, dada la delicadeza de sus temas y la forma de ser tratados, de la profunda religiosidad del autor.

El Olvidado Buen Pastor de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.
Por suerte la pinacoteca religiosa de Úbeda, cuenta con un buen ejemplo de pintura con la representación del Buen Pastor.

El referido cuadro, de autor desconocido es típico renacentista, su representación, es distinta a la de Murillo. Sin embargo, el báculo y la pierna del niño ponen el contrapunto diagonal, típico de la época barroca.

El cielo tumultuoso del fondo nos remonta a los pintores de la Escuela veneciana del siglo anterior. El niño Jesús,  con piel de animal y capa roja, sobre fondo de paisaje, al que vemos pastando plácidamente entre la neblina,  con rostro cordial, denota una cierta melancolía, dirige su mirada  hacia a Dios Padre, mientras a su lado aparece un cordero sujetado por dos lindos querubines y de la vara que sujeta en su mano derecha pende un cartel en el que se puede leer: "Ecce Agnus Dei" ("Éste es el Cordero de Dios"),  ocupan el fondo de esta reconfortante escena llena de amor, dulzura y sentimiento.

Es obra del siglo XVIII, de autor desconocido, durante dos centurias, ha estado colgado en los históricos muros de una de las Capillas Funerarias de la Iglesia de Santa María de Úbeda.

Tras la apertura al culto de esta Iglesia en 2011,  por obras de restauración, que duraron  más de 28 años, esta obra pictórica está almacenada, junto a otros cuadros, en una de las dependencias de la Sacristía de Santa María.

Actualmente, dicho cuadro del Buen Pastor, en muy mal estado,  está a la espera de una profunda restauración y a su posterior puesta en valor, para así engrandecer el pequeño patrimonio del mueble religioso que guarda la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.   



lunes, 29 de abril de 2019

El San Miguel Olvidado, de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares. Y por su puesta en valor, al Culto Religioso.


San Miguel Arcángel, vestido de soldado con dos de sus  tres atributos: el Escudo, con el significado de su nombre –Quis ut Deus- recuerda su entrega incondicional a Dios y  la Lanza, signo de su lucha victoriosa contra Lucifer; el cuadro de buen mérito, y según parece fue realizado por palabras de Torres Navarrete, en el siglo XVIII, de autor anónimo.


El San Miguel Olvidado,  de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.
Y por su puesta  en valor, al Culto Religioso.

Juan Ángel López Barrionuevo.

                        San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Iglesia Católica da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama "Príncipe de los espíritus celestiales", "jefe o cabeza de la milicia celestial". Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

                El nombre Miguel significa en hebreo ¨Quien como Dios¨. El primer Santuario consagrado al Arcángel está en el sur de Italia, en el Monte Gargano. En este lugar él se apareció tres veces entre los años 490 y 493. En su última aparición manifestó que ese lugar no necesitaba ser bendecido porque él ya lo había consagrado con su presencia como su Santuario. El 29 de septiembre del año 493, después de haber escuchado la voluntad del Arcángel, el pueblo con su Obispo celebró solemnemente la primera Misa en la gruta-Santuario del gran Arcángel San Miguel.

                El Arcángel posee tres atributos: la Lanza, signo de su lucha victoriosa contra Lucifer; el Escudo, con el significado de su nombre –Quis ut Deus- recuerda su entrega incondicional a Dios; y la Balanza lo identifica como el que defiende y acompaña al alma en la hora de la muerte.

                El Padre Kentenich señala: ¨San Miguel es primeramente... el protector del Santísimo Sacramento del altar. La segunda gran tarea del Arcángel San Miguel es ser el ayudante nato y escogido de la querida Madre de Dios en la lucha contra el Demonio... Al colocarnos al lado de San Miguel, en él y con él, ayudamos a la querida Madre de Dios a vencer al Demonio y a los poderes demoníacos en el mundo actual¨. (Palabras del Padre Kentenich a la Liga Apostólica en 1966).

                Las Iglesias Católica y Ortodoxa celebran el día del arcángel Miguel en diferentes fechas. Tradicionalmente, la celebración católica del mundo occidental se celebra el 29 de septiembre. Este día se celebra también a los arcángeles San Gabriel y San Rafael. En los países del Norte de Europa se le llama a este día Michaelmas.

                En la época medieval era un día muy importante y era obligación observarlo. Más tarde, se abolió esta obligación y se añadió la celebración de los otros arcángeles y todos los ángeles el mismo día.

                Las iglesias ortodoxas celebran el día del arcángel Miguel el 8 de noviembre, según el calendario juliano. También se celebra en su honor el Milagro de Konia el 6 de septiembre.

                La tarea de conducir a las almas, atribuida a san Miguel, parece derivar de Los evangelios apócrifos, donde abundan los relatos. Entre ellos, quizá el más importante, es el que narra cómo el arcángel recibió en sus manos el alma de la Virgen: "Entonces le dijo el ángel... Yo soy el que tomó las almas de los que se humillan a sí mismo ante Dios y el que las traslada a lugar de los justos en el mismo día en que salen del cuerpo. Y por lo que a Ti se refiere, si llegas a abandonar el cuerpo, yo mismo en persona vendré por Ti." (1) Debido a que la balanza aparece como atributo personal de Miguel, fue considerado patrón de los tenderos y de otros oficios relacionados de alguna manera con este instrumento. Por su naturaleza celeste se le representa siempre sobre un cúmulo de nubes, como es el caso de este lienzo, en que además se encuentra parado sobre angelillos. 1. Aurelio de los Santos Otero, Los evangelios apócrifos, p. 617.

                Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno. La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

                Él tocará la trompeta el día del Juicio (1° Tesalonicenses 4, 16), y es el encargado de frustrar a Lucifer o Satanás, enemigo principal de '''Miguel''' por ser el arcángel de los ángeles caídos o del mal​ (Apocalipsis 12:7). Por eso, en el arte se le representa como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón.

                Como ya dije también suele,  ser representado pesando las almas en la balanza, pues según la tradición, él tomaría parte en el Juicio final. Es también el más invocado, al que más se le reza y al que más personas le piden ayuda. Esto se debe a su papel de guerrero espiritual. Las imágenes creadas por artistas son el mejor ejemplo de cómo se ha percibido al arcángel Miguel a través de los tiempos.

La Olvidada Pintura de San Miguel, de la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares.

                Desde antaño, en la iglesia de Santa María, se daba culto al patrón de Úbeda el Arcángel San Miguel, hasta la fecha de 1936. Dos eran las representaciones de San Miguel, que recibían culto en esta Iglesia hasta la citada fecha,  estas representaciones estaba formada por  una escultura  y  la otra era una pintura, (que por suerte aún se guarda, en esta iglesia, pero en muy malas condiciones).

                En primer lugar, hablaremos de la citada desaparecida escultura de San Miguel, la misma recibió culto en la Capilla Mayor de Santa María. Donde la tradición cuenta que está ubicada donde se dijo la primera misa tras la conquista de la ciudad, el 29 de septiembre de 1233.

                Ruiz Prieto nos relata en su Historia de Úbeda. Tomo II. Pp. 8-53: “…Capilla mayor.-Ocupa el mismo sitio en el mismo sitio en que se celebró la primera misa a que asistieron los conquistadores, para dar gracias a la Virgen de la Asunción, bajo cuyo patrocinio se puso la iglesia, por la protección otorgada en la penosa conquista de la Villa, y a cuya primera festividad asistió, como queda dicho, el rey conquistador D. Fernando III, para rendir devotamente su grandeza a la Reina de los Ángeles, madre de Dios, cuya efigie llevaba dicho rey consigo en su caballo de batalla y en sus estandartes…”

                Sobre la desaparecida imagen en cuestión de San Miguel, volvemos a Ruiz Prieto:  “…En un ángulo de la capilla hay colocada sobre un pedestal, una imagen del Arcángel San Miguel, que procede del extinguido convento de Carmlitas Descalzas. Fue hecha en 1671, con ayuda del Ayuntamiento de la ciudad, que dio doscientos ducados, como consta en las sesiones de 16 de marzo de dicho año, y de 26 de junio de 1676. No hemos encontrado el nombre del artífice que talló esta interesante imagen…”.

                Hablemos, ahora de la  ovidada pintura de San Miguel, que aún se conserva, en muy malas condiciones, en una de las dependencias de la iglesia, junto a demás cuadros en espera de restauración, destacando por su belleza; una pareja de planchas de cobre dedicadas a Getsemaní y un prendimiento, San José, un Buen Pastor ninño, un cardenal franciscano de muy buena traza, los tres cuadros sobre el martirio de San Lorenzo, un retrato de San Vicente de Paúl elaborado en Logroño en 1870,…

                La pintura hasta 1936, se situaba en el desaparecido trascoro, frontero a la Capilla de la Yedra, lugar donde la decoración tomaba gran protagonismo. Además, en el lugar central del trascoro se colocaba una capilla con un altar desde dónde se podía celebrar la eucaristía,  siendo considerada  como la capilla del pueblo, al ser este Santo Patrón de Úbeda, se colocó aquí la mencionada pintura de San Miguel Arcángel.

                Ginés Torres Navarrete, en su libro Historia de Úbeda en sus Documentos, tomo IV p.32, nos dice: “…Estuvo situado a espaldas del coro frente a la capilla de la Yedra y se labró a costa del Canónigo don Juan Muñoz de Lago. Este testó en Úbeda el 26 de octubre de 1824 ante Manuel de Elbo y dice: “Que io he costeado en dicha mi Yglesia el retablo dorado y jaspeado del trascoro dedicado al Arcangel San Miguel…”.

                “…Existió otro retablo anteriormente, pues en 26 de diciembre de 1779 ante Andrés Hidalgo de Torralba, testó en Úbeda el Canónigo don Pedro Juan de Ojeda y menciona el altar de San Miguel “en el cuerpo de iglesia” de Santa María…”

                Volvemos a Ruiz Prieto, Historia de Úbeda. Tomo II. Pp. 8-53, nos dice : “…A espaldas del Coro, frente a la Capilla de la Yedra, hay otro altar, cuyo retablo lo constituye un cuadro con la imagen de San Miguel, de bastante mérito, que fue costeado a principios de este siglo (en 1824), por el tesorero D. Juan Antonio Muñoz de Lago. El cuadro parece más antiguo…”.

                La mencionada pintura, representa al Arcángel, vestido de soldado con dos de sus  tres atributos: el Escudo, con el significado de su nombre –Quis ut Deus- recuerda su entrega incondicional a Dios y  la Lanza, signo de su lucha victoriosa contra Lucifer; el cuadro de buen mérito, y según parece fue realizado por palabras de Torres Navarrete, en el siglo XVIII, es de autor anónimo.

                Esperemos, que alguna vez se tome la iniciativa de restaurar esta joya del siglo XVIII, enriquezca el poco patrimonio del mueble que conserva la Basílica de Santa María, y vuelva a tener culto y ubicarse en el lugar donde corresponde,  la Capilla Mayor de dicha iglesia.



 Fuentes:

G. AULEN, Christus Victor, SPCK, London 1931;
J. DANIÉLOU, Teología del judeocristianismo, Cristiandad, Madrid 2004;
W. LUEKEN, Michael. Eine Darstellung und Vergleichung der jüdischen und der morgenländisch-christlichen Tradition vom Erzengel Michael, Göttingen 1898;
M. MACH, «From Apocalypticism to Early Jewish Mysticism», en B. MCGINN (ed.), The Encyclopaedia of Apocalypticism, New York 1998, II, 204-237;
X. PIKAZA, Antropología bíblica, Sígueme, Salamanca 1996;
J. RATZINGER, La unidad de las naciones, Cristiandad, Madrid 2011,
Ruiz Prieto, Miguel. Historia de Úbeda. Tomo II. Asociación Alfredo Cazaban.
Torres Navarrete, Ginés. Historia de Úbeda en sus Documentos. Tomo IV. Asociación Alfredo Cazaban.