Aspecto del interior de Santa Maria; Antes de 1983

martes, 30 de junio de 2009

Adentrándonos Al Interior Del Templo Por La Puerta Principal…

Adentrándonos al interior del templo de Santa María; por la puerta principal, y tras pasar y saborear el claustro medieval de la iglesia llegamos a la nave central de la antigua colegial donde nos situaremos frente al altar mayor de la antigua iglesia Colegial.....................................................................................................
Adentrándonos al interior del templo de Santa María; por la puerta principal, y tras pasar y saborear el claustro medieval de la iglesia llegamos a la nave central de la antigua colegial donde nos situaremos frente al altar mayor de la antigua iglesia Colegial.

El 29 de septiembre de 1233 el rey San Fernando con su corte entró a la mezquita mayor, para celebrar la victoria de la reconquista de la ciudad y consagrar la aljama musulmana en templo cristiano, al cual dieron el nombre de Iglesia Mayor de Nuestra Señora de los Reales Alcázares y Nuestra Señora de la Asunción. El acto de la consagración de la iglesia se realizó según la tradición en el mismo lugar que hoy ocupa el Altar Mayor de Santa María. La consagración al culto fue realizado por el Arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada.

Años después, concretamente el 8 de de julio de 1259, el obispo D. Pascual, sucesor de fray Domingo, de acuerdo con su cabildo catedralicio, que para esas fechas ya había trasladado su sede de Baeza a Jaén, la erigió en colegial, siendo confirmada por el papa en Viterbo a 18 de mayo de 1266. A partir de aquí las concesiones de privilegios, de bienes muebles e inmuebles, se acrecienta con el paso del tiempo. Así, como hitos fundamentales, en tiempos de Sancho IV se le concede el mismo sello y escudo que el de las catedrales de Jaén y Baeza, D. Nicolás de Biedma, obispo de 1368 al 78 y de 1382 al 84. A finales del siglo XV se remodela el altar mayor como panteón funerario de don Juan de la Cueva y de su hermano don Beltrán.

Aunque por desacuerdo con el cabildo colegial, don Beltrán no fue sepultado en este lugar, sino en la iglesia convento de San Francisco, del poblado de Cuéllar (Segovia).

La capilla edificada a lo largo del siglo XV, era de traza gótica ya que en el siglo XVIII su bóveda de terceletes es sustituida por la actual cúpula barroca. En la misma centuria la capilla reformada pasó de ser un recinto rectangular a ser uno cuadrado.
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Según afirmación de Almagro García: “…El acceso a la misma se hace a través de unas amplias gradas y de un gran arco de triunfo de medio punto con decoración de grutescos azulados pintados al óleo. La clave del mismo se decora con un angelote sobre rocalla. La cúpula barroca con linterna decorada de grutescos, se sostiene sobre el arco de acceso, los arcos de los muros laterales en cuyos frontones se abren ventanas y cuyas claves presenta decoración abarrocada y bulbosa y el arco del testero en cuyo frontón campean los anagramas de Cristo y María y decoración bulbosa en forma de corazón y escudos heráldicos…”. Por Barranco Delgado sabemos que pertenecen al Benavides-Cueva y a Manrique-Mendoza-Quiñones, ambos benefactores de la capilla mayor. Los cuatro arcos forman las pechinas sobre las cuales se sostiene la cúpula. Las pechinas se decoran de rocalla y con los medallones de los cuatro evangelistas o los Tetramorfos. El águila representa a San Juan, el ángel o el hombre a San Mateo, el león a San Marcos, el toro a San Lucas.

En esta capilla se ha venerado desde siempre la antiquísima Virgen del Alcázar y a la patrona de la ciudad la Santa Virgen del Gavellar. En cuanto a la Virgen del Alcázar, se veneró primero en el recinto fortificado del mismo nombre desde 1234, y que pasó en 1259 al camarín de la capilla mayor de la nueva Colegial, la devoción de Úbeda a esta imagen se perpetuó a lo largo de los siglos. Por lo que respecta a la venerada imagen de Nuestra Señora del Gavellar, se veneró durante muchos meses de verano en el altar mayor del templo, hasta que en el año 1908, quedó entronizada en su actual capilla.
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Los cuatro arcos forman las pechinas sobre las cuales se sostiene la cúpula. Las pechinas se decoran de rocalla y con los medallones de los cuatro evangelistas o los Tetramorfos.

En 1777, el cabildo colegial manda labrar un nuevo retablo para la capilla mayor, con cargo a su tesoro. Costeado por la ciudad y figurar en él, el escudo de armas de la misma, en 1824 se traslada a la parroquia del Sagrario (hasta 1983, capilla de Jesús). Este retablo de rico labrado y dorado fue destruido en la Guerra Civil de 1936. Este desaparecido retablo realizado por Luis Oller viene a sustituir otro que fue restaurado por Alonso de la Cueva.
En 1824 se abre un camarín en el testero, para albergar la nueva imagen de la Virgen del Alcázar, talla en serie que aún conservamos, la misma data del año 1788. A la derecha del mismo se instaló sobre ménsula, la imagen de San Miguel, dicha talla procedía del desaparecido Monasterio de San Miguel, a la izquierda también sobre ménsula se instala una imagen de San Juan de la Cruz. Cedido por un convento de carmelitas descalzas de Mancha Real, en el centro se instala un tabernáculo neoclásico para albergar la custodia francesa, este tabernáculo fue costeado por Juan Antonio Muñoz. En 1885 se pinta y se empapelan los muros.

Tras la Guerra Civil, se producen nuevas modificaciones a cargo del párroco don Diego García, a los principios de 1960 se suprimen las ocho urnas sobre ménsulas que poseían hasta 1936 las reliquias de las vírgenes martirizadas con Santa Úrsula. Estas estaban en unas cabezas de relicario de madera policromada del siglo XVI y de origen flamenco.

Como efeméride, de hace 33 años.

En 1976, se eliminan las pinturas y empapelados, se construye un zócalo de piedra, una nueva mesa altar y se instala en el testero a modo de retablo una portada de altar procedente del antiguo coro para albergar en su centro la medieval talla del Cristo de los Cuatro Clavos.

Esta devocional y antiquísima imagen se guarda en Santa María desde los años cuarenta del siglo pasado. Esta escultura, al que los labradores de la comarca ubetense volvían los ojos en muchas ocasiones para pedir el milagro del agua, en épocas de sequía, y que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio, tuvo culto y capilla propia en la iglesia de San Pedro antes de la Guerra Civil, y su fama de imagen milagrosa se debió a un asombroso hecho histórico ocurrido hacia la mitad del siglo XVIII, concretamente durante la peste bubónica, en la que la mortal epidemia sembró de cadáveres las calles de la población.
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Durante la primavera - verano de 1981, la imagen de la virgen de Guadalupe y con motivo del VI Centenario de la aparición, según la tradición, de la imagen de la Virgen, recibió el amor y veneración de sus hijos de Úbeda en el altar mayor de Santa María.

Como última efeméride, de hace 28 años.


Durante la primavera - verano de 1981, la imagen de la virgen de Guadalupe y con motivo del VI Centenario de la aparición, según la tradición, de la imagen de la Virgen, recibió el amor y veneración de sus hijos de Úbeda en el altar mayor de Santa María.

Dos años después, a mediados del mes de julio de 1983, la iglesia es cerrada al culto y a la cultura; por unas dilatadas obras de restauración, que aún continúan a día de hoy…










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