Aspecto del interior de Santa Maria; Antes de 1983

miércoles, 27 de junio de 2012

MEZQUITAS CONVERTIDAS EN IGLESIAS. EL MUEZZÍN Y LAS CAMPANAS

Una de las campanas de los campanarios de Santa María. Foto Diego Godoy.
Todas las mezquitas ubetenses, después de la conquista, quedaron convertidas en templos cristianos. Las campanas sustituyeron al muezzín. A la voz lastimera y árida que desde los alminares invitaba a una oración desolada –oración entre la arena–, sucedió la clara invitación jugosa, armónica, de los bronces. Las campanas ungieron pronto de un misticismo poético el ambiente de Úbeda. Hay dos misticismos: el puramente metafísico y el cordialmente poético. El primero suele perderse en descarnadas elucubraciones sutiles, si no le asiste, si no contribuye a alimentarle, una vía lírica. La liturgia católica –con su repertorio de músicas, ritos, ornamentaciones, brocados y oros– abre cauces accesibles a estos anhelos nuestros de divinidad; anhelos que, de otra forma, en lo que al hombre vulgar se refiere, podían estancar en marismas nostálgicas, en nirvanas desalentados. Y las campanas, precisamente, aportan una contribución generosa a la Liturgia. Ellas lubrican con piedad las mañanas. Y en los atardeceres, salmodian el desmayo del día mientras se desangra el ocaso o cuando una angustia de niebla invernal cierra todos los horizontes. Siempre las campanas elevan su clamor alto, incontaminado, como una esperanza.

La insensibilidad –por usar de un eufemismo piadoso– de unos hombres, acabó, en 1936, con las campanas de Úbeda. Era un inefable concierto polifónico el de las campanas de Santa María de los Reales Alcázares, a las que hacía contrapunto la bronca solemnidad de las del Salvador, en los días de fiesta grande. Y en el centro de la ciudad, en la Plaza de Toledo, las de la Trinidad, jubilosas, alboratadoras, cantarinas, conmovían el sosiego apático de estos nuestros “hombres de la Plaza” que, de sol a sol, meros espectadores del tiempo que pasa, consumían sus horas de paro resignado.

Las campanas de ahora, instaladas después de la guerra para sustituir a las antiguas, carecen aún de personalidad evocadora. De “las de antes”, sólo queda, probablemente, una que perteneció a la iglesia de Santo Domingo de Silos y que actualmente “oficia” en una de las espadañas de Santa María.

Con las campanas, ¡ay!, desaparecieron, o fueron destruidos en ominosa profanación, incalculables tesoros de toda índole, de los templos.
(De BIOGRAFÍA DE ÚBEDA)

miércoles, 6 de junio de 2012

“Caballeros Veinticuatro” NUESTRA POSTURA ANTE EL PAGO DE UNA ENTRADA A LA IGLESIA DE SANTA MARÍA



Durante este último mes de mayo han sido muchas las personas que han requerido nuestra opinión al respecto de cobrar la entrada para acceder a la iglesia de Santa María. Y solicitaban nuestra opinión porque tenían interés en saber cuál era la posición de uno de los pocos colectivos que en los últimos años se ha manifestando anualmente para la reapertura de esta iglesia tan señera y querida en Úbeda. Desconocemos los entresijos que han llevado a adoptar esta decisión por parte del obispado que, en definitiva, ha sido quien a dictaminado cómo se ha de gestionar Santa María de los Reales Alcázares de ahora en adelante. Tenemos la versión oficial que dio mediante un comunicado de prensa el arcipreste de Úbeda don José Ignacio Damas. Con ello y con nuestro criterio personal e independiente, vamos a manifestarnos. En primer lugar queremos dejar claro que nuestro colectivo es plural y de opiniones diversas, por lo que siempre no debe haber unanimidad en nuestros criterios. Dicho esto, los Caballeros Veinticuatro (en su mayoría) estamos en total acuerdo a que se pague una entrada para poder acceder a este templo. Estamos acostumbrados a ello cada vez que salimos de nuestra tierra y tenemos que pagar “religiosamente” cada vez que queremos entrar a un museo, catedral, basílica, etc,… Sin embargo, tenemos que hacer algunos matices al respecto; aunque no queremos enderezar la plana a nadie y “doctores tiene la Iglesia”. Lo justo, para los que conformamos este colectivo y para una mayoría de los ubetenses, hubiese sido: - Que la gestión se podría haber llevado a cabo íntegramente desde aquí o por empresas locales. - Los empleados serían al cien por cien de Úbeda y no de otras poblaciones limítrofes. - Poner una entrada razonable para el turista que se interese por su visita. Pensamos que 4 euros –de momento- son excesivos y mucho más para el ubetense. - Se iría subiendo el precio de la entrada progresivamente, para que no fuese tan impactante. - Se incrementará su precio según se vaya enriqueciendo la oferta de la visita; cuando se ponga en valor el museo que está en mente, por ejemplo. - Los ubetenses, después de haber esperado 28 años para la reapertura, se merecen la entrada gratuita, mostrando su DNI. - Por otro lado pensamos que los ubetenses se hubiesen acostumbrado muy pronto si en vez de tener que pagar 4 € hubiese sido 1 € simbólico. Estamos de acuerdo en que el edifico pertenece a la Iglesia, pero de igual modo reprochamos a los responsables de la misma que no alcen su voz cuando se hacen desmanes en ella y nos referimos a la polémica restauración y a los vestigios históricos que han desaparecido “de momento” (escudos, lápidas…). Los miles de millones que en ella se han intervenido, han salido de todos, por ello debería escucharse la voz de los que se manifiestan estar en desacuerdo con los modos y las formas que se han tenido de proceder. Por todo lo manifestado, la mayoría de los “Caballeros Veinticuatro” dicen sí al pago de una entrada a Santa María, porque reconocemos que la Iglesia necesita autoabastecerse de ingresos para hacer frente a muchas necesidades, pero como hemos expuesto, con ciertas premisas. Y que sepamos que la realidad es esta, por lo que tenemos que irnos acostumbrado a pagar si queremos que las iglesias sirvan –también- de otro reclamo turístico para nuestra ciudad.